Marcos López suma un nuevo capítulo en Fundación Larivière luego de más de 3.000 visitantes

Tras convocar a más de 3.000 visitantes y extenderse por segunda vez, Fotografías 1975-2025 suma un nuevo capítulo en Fundación Larivière. En la sala 2, un pop up ideado por el propio artista propone otra forma de recorrer su obra: menos retrospectiva, más mapa mental.

 

Hay algo paradójico en toda retrospectiva. Su objetivo es ordenar.

Tomar décadas de producción, encontrar conexiones, establecer etapas y construir un relato que permita entender quién es un artista y cómo llegó hasta allí. Son exposiciones que intentan dar respuestas.

El nuevo pop up de Marcos López en Fundación Larivière parece tener una misión opuesta.

Mientras Fotografías 1975-2025, la primera gran muestra antológica dedicada al fotógrafo argentino, reúne cincuenta años de producción en un recorrido cuidadosamente organizado, la intervención que acaba de inaugurar en la sala 2 vuelve a mezclarlo todo. Fotografías históricas conviven con imágenes inéditas, cajas de luz, marcos intervenidos, pinturas, objetos y referencias que atraviesan distintas etapas de su carrera. El resultado se parece menos a una retrospectiva tradicional que a una conversación con el propio artista.

La incorporación de este nuevo espacio llega además en un momento significativo para la fundación. La exposición principal ya fue visitada por más de 3.000 personas, tuvo una primera extensión y recientemente volvió a ampliar sus fechas hasta el final de las vacaciones de invierno, consolidándose como uno de los eventos fotográficos más convocantes de la temporada.

🖼️ Una sala donde las obras discuten entre sí

Durante el recorrido guiado que realizó para prensa e invitados, López contó que el montaje nació de manera intuitiva y casi impulsiva. Lejos de describir un proceso meticuloso, habló de un personaje de su infancia conocido como «el loco del martillo», un hombre que recorría las calles de su pueblo mientras las madres advertían a sus hijos que no salieran a jugar cuando él andaba cerca. La imagen puede parecer anecdótica, pero ayuda a entender el espíritu de la sala.

Las obras no están agrupadas para demostrar una teoría ni para ilustrar una evolución estilística. Están colocadas como si fueran recuerdos que aparecen simultáneamente en la memoria. Una fotografía dialoga con una pintura realizada años después. Un retrato de circulación internacional comparte espacio con marcos decorados mediante técnicas artesanales paraguayas. Una imagen inspirada en la historia del arte europeo convive con referencias a la cultura popular latinoamericana.

Lo interesante es que el conjunto funciona precisamente porque evita la obsesión por la coherencia. López incluso recordó durante la visita que estudió ingeniería intentando responder a las expectativas familiares de su padre, un hombre acostumbrado a medir y nivelar todo. Su propia práctica artística terminó desarrollándose en dirección contraria. La intuición, el accidente y el cruce inesperado de referencias ocupan un lugar mucho más importante que cualquier sistema de organización rígido.

Marcos López en la inauguración de su pop up en Fundación Larivière

🧵 Del ñandutí a Isabelle Huppert

Uno de los aspectos más reveladores del recorrido aparece cuando López habla de los marcos intervenidos con botones paraguayos y tejidos ñandutí. No los presenta como un detalle decorativo. Los utiliza para abordar un tema que atraviesa buena parte de su producción: la frontera entre arte y artesanía.

En el sistema artístico tradicional esas categorías suelen aparecer separadas. Las obras ingresan a museos, galerías y colecciones. Las artesanías ocupan otro espacio. López parece disfrutar especialmente de poner esa división en crisis.

Por eso no resulta extraño encontrar en la misma pared una fotografía de una actriz francesa como Isabelle Huppert junto a materiales vinculados a tradiciones populares latinoamericanas. Tampoco sorprende que haya decidido incluir pinturas propias mientras reconoce, con humor, que la mayoría sigue viéndolo exclusivamente como fotógrafo.

Más que un gesto provocador, la decisión parece expresar una convicción. Las categorías sirven para ordenar el mundo, pero también pueden limitarlo.

🌎 La construcción de una estética latinoamericana

Gran parte de la obra de Marcos López puede leerse como una discusión con ciertos ideales de sofisticación importados. Durante décadas, numerosos sectores de la cultura latinoamericana asociaron el prestigio con parecerse a Europa o Estados Unidos. El diseño, la moda, la publicidad y el arte no estuvieron ajenos a esa lógica.

La producción de López tomó otro camino.

Sus fotografías están pobladas por colores intensos, referencias religiosas, objetos cotidianos, humor popular, teatralidad y productos de consumo que remiten inmediatamente a la experiencia latinoamericana. Cuando recuerda su fascinación por una botella amarilla de Inca Kola o cuando explica las conexiones entre sus imágenes y el pop art, no está buscando una identidad folclórica. Está construyendo un lenguaje visual capaz de dialogar con la historia del arte internacional sin abandonar el contexto donde fue producido.

Esa tensión aparece una y otra vez en la muestra. Andy Warhol convive con la cultura popular de barrio. La tradición pictórica europea se cruza con la iconografía política latinoamericana. El retrato de celebridades comparte espacio con personajes anónimos.

📸 Aprender copiando

Entre las confesiones más interesantes del recorrido estuvo su relación con las influencias. López habló sin rodeos de fotógrafos como Richard Avedon, Irving Penn, Annie Leibovitz o David LaChapelle. Lejos de construir el mito del creador completamente original, reconoció algo que muchas veces se omite en los relatos sobre creatividad: aprendió observando, estudiando y copiando.

Sin embargo, la copia nunca fue literal.

Mientras los fotógrafos que admiraba trabajaban con presupuestos millonarios y grandes equipos de producción, él debía resolver escenas complejas con recursos mucho más modestos. En esa distancia entre el modelo y la realidad terminó apareciendo una voz propia. Las limitaciones materiales, lejos de convertirse en un obstáculo, ayudaron a definir una estética reconocible que hoy forma parte de la historia de la fotografía argentina.

✨ Una muestra sobre la libertad de ser muchas cosas

Después de recorrer la sala resulta difícil pensar en Marcos López únicamente como fotógrafo.

Aparece también como observador de la cultura popular, coleccionista de imágenes, constructor de escenas, pintor ocasional, investigador visual y narrador de una Latinoamérica que rara vez encaja en categorías simples.

Quizás por eso este pop up funciona tan bien junto a la retrospectiva principal. Mientras una exposición permite comprender la magnitud de una trayectoria, la otra recuerda algo igualmente importante: ninguna carrera creativa se construye de manera lineal.

Las influencias se mezclan. Los intereses cambian. Las disciplinas se cruzan. Las categorías se vuelven insuficientes.

Y pocas obras argentinas han sabido convertir esa complejidad en imágenes tan memorables como las de Marcos López.

📍 Fotografías 1975-2025 puede visitarse en Fundación Larivière. La muestra ya superó los 3.000 visitantes, fue extendida en dos oportunidades y permanecerá abierta hasta el final de las vacaciones de invierno.

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