Buenos Aires vuelve a mirar hacia abajo. A partir del sábado 27 de diciembre, los túneles históricos de la Manzana de las Luces reabren sus puertas al público y permiten acceder a una de las construcciones más enigmáticas y fascinantes de la ciudad. El anuncio llega de la mano del Complejo Histórico Cultural Manzana de las Luces, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación, a cargo de Leonardo Cifelli.
Se trata de un patrimonio subterráneo que despierta curiosidad desde hace más de un siglo. No solo por su antigüedad, sino porque, aún hoy, gran parte de su origen permanece envuelto en preguntas sin respuesta.
Un sistema subterráneo lleno de incógnitas 🧩
Los túneles de la Manzana de las Luces están rodeados de misterio. No se sabe con certeza quiénes los construyeron, cuándo ni con qué finalidad exacta. Aun así, distintas investigaciones y fuentes históricas permiten trazar algunas hipótesis sobre su origen y uso.
Una de las teorías más difundidas sostiene que fueron diseñados por los jesuitas durante los siglos XVII y XVIII. La Compañía de Jesús tenía experiencia en este tipo de construcciones subterráneas, presentes también en ciudades como Córdoba y Lima, en Perú. Según esta línea de investigación, la red conectaría la Manzana de las Luces con iglesias, edificios públicos y el antiguo fuerte de la ciudad.
Estas ideas alimentaron durante décadas el imaginario urbano y dieron lugar a mitos que circularon con fuerza en publicaciones como Caras y Caretas, PBT y La Nación a comienzos del siglo XX, consolidando la fama secreta del lugar.

Refugio, poder y contrabando ⚔️
Sobre la función de los túneles existen varias especulaciones. Una de las principales indica que pudieron haber servido como refugio y sistema de defensa ante posibles ataques indígenas, piratas o conflictos militares, además de funcionar como espacios de almacenamiento de víveres y bienes.
Otra hipótesis sugiere que estos pasajes subterráneos estaban destinados al uso exclusivo de las autoridades jesuitas o de la servidumbre, incluidos trabajadores y personas esclavizadas. Una tercera teoría, quizás la más sugestiva, los vincula con el contrabando. Los túneles habrían sido utilizados para ingresar y embarcar mercancías por fuera de las restricciones impuestas por la Corona española.
Ninguna de estas versiones ha sido confirmada de manera definitiva. Y en esa falta de certezas reside gran parte de su atractivo.
Cómo son las visitas presenciales 🔦
Las visitas al público comenzarán el 27 de diciembre y se realizarán los sábados y domingos entre las 15 y las 18 hs. Cada recorrido tiene una duración máxima de 15 minutos y se realiza en grupos reducidos de hasta seis personas, exclusivamente para mayores de 16 años.
El acceso a los túneles se realiza con reserva previa y el recorrido incluye el ingreso al mirador de los túneles, desde donde se obtiene una perspectiva única para imaginar cómo era la vida antigua y secreta de Buenos Aires bajo tierra.
La experiencia está pensada como una aproximación cuidada al patrimonio, donde la observación y el relato histórico se combinan con la sensación física de descender a un espacio oculto.
Explorar los túneles desde lo digital 🎮
Para quienes prefieran una primera aproximación virtual, la Manzana de las Luces desarrolló experiencias digitales que fueron reconocidas a nivel internacional. El videojuego Los misteriosos túneles de la Manzana de las Luces, disponible desde la web, permite acompañar al personaje Naty en un recorrido interactivo por los túneles, donde se cruzan personalidades históricas y datos clave del sitio. Esta propuesta obtuvo el 11.° Premio Ibermuseos de Educación.
Desde el celular, también se puede acceder a la app Visita 360°, ganadora del mismo premio, que propone una experiencia inmersiva para descender virtualmente a los túneles y explorar cada recoveco desde una mirada contemporánea.
Un patrimonio que sigue interpelando ⭐
La reapertura de los túneles de la Manzana de las Luces vuelve a poner en primer plano una dimensión poco visible de la ciudad. Bajo el ritmo cotidiano del casco histórico, persiste una Buenos Aires subterránea, hecha de silencios, teorías y pasajes ocultos.
Visitar estos túneles es, en definitiva, una forma de activar la memoria urbana y de recordar que la historia no siempre está a la vista. A veces, espera debajo de nuestros pies.
