Germaine Derbecq y el éxtasis moderno: una figura clave vuelve a escena en la Colección Amalita

La Colección Amalia Lacroze de Fortabat inauguró Germaine Derbecq. Éxtasis, 1899–1973, una exposición curada por Federica Baeza que recupera a una figura decisiva del arte moderno en la Argentina. Artista, crítica y curadora, francesa de origen y argentina por elección, Derbecq aparece acá en toda su complejidad, una sensibilidad atravesada por la fe, la abstracción y una idea persistente de futuro.

La muestra propone un recorrido que no separa roles ni etapas, sino que los hace dialogar. Pintura, escritura y acción curatorial se entrelazan para reconstruir una trayectoria que fue mucho más que una carrera artística.

Una vida entre París, Europa y Buenos Aires 🌍

Germaine Derbecq nació en París en 1899, en pleno surgimiento de las vanguardias históricas. Se formó con figuras centrales de la modernidad como André Lhote y Maurice Denis y entabló vínculos con artistas como Paul Sérusier, Suzanne Roger y Juan Gris. A los diecinueve años ya participaba en los grandes salones junto a Picasso y otros protagonistas del siglo.

Ese comienzo temprano convivió con una experiencia dura y decisiva. Proveniente de una familia burguesa, conoció el hambre durante la Europa de entreguerras. Ese corte marcó su carácter y su obra, siempre situada entre el refinamiento formal y una urgencia vital. Durante la Segunda Guerra Mundial, en Vichy, produjo dibujos austeros y tensos que anticiparon su giro hacia la abstracción.

En 1951 llegó a Buenos Aires junto a su marido, el escultor Pablo Curatella Manes. La ciudad la integró rápidamente y Derbecq se volvió una figura activa y central de la escena local.

Escribir para imaginar el arte que vendrá 🖋️

La escritura fue una parte esencial de su práctica. Desde una mirada analítica y elegante, Derbecq pensó el arte argentino de mediados del siglo XX como un campo en expansión. Escribía sobre abstracción, sobre arte para el pueblo, sobre el potencial cultural de Buenos Aires, mientras dejaba entrever sus propias inquietudes como artista.

Los textos recuperados en la muestra revelan una crítica que no buscaba describir, sino comprender. Cada escrito funcionaba como una conversación con el porvenir, un ensayo abierto sobre lo que el arte podía llegar a ser.

Curar como forma de intervenir la escena 🎯

En los años sesenta, su dirección de la Galería Lirolay la convirtió en una figura clave de la neovanguardia argentina. Desde allí impulsó exhibiciones tempranas de artistas como Marta Minujín, Alberto Greco y Ricardo Carreira, y fue fundamental para la visibilidad de mujeres artistas como Silvia Torras, Olga López y Martha Zuik.

Lirolay fue un laboratorio y Derbecq, una guía sensible. Acompañaba procesos, asumía riesgos y sostenía una idea clara, el arte necesitaba espacio para ensayar, equivocarse y avanzar.

Los múltiples y la crítica al valor de lo único 👠

Hacia fines de los sesenta desarrolló un proyecto radical: los “múltiples”. Obras seriadas a partir de matrices geométricas que se vendían al precio simbólico de un par de zapatos. El gesto cuestionaba el coleccionismo tradicional y la noción de obra irrepetible.

Hoy, esa operación se lee como una crítica temprana a los sistemas de valor del arte. Más que democratizar, Derbecq proponía pensar la circulación como parte del sentido de la obra.

Atmósferas, cuerpos y estados de éxtasis 💫

La muestra recorre distintos momentos de su producción. En los años treinta aparecen escenas de artistas, jardines e interiores atravesados por una luz cargada de memoria. En los cuarenta y cincuenta, la pintura se concentra en figuras esenciales: vírgenes, anunciaciones, bailarinas, payasos.

Hacia mediados de los cincuenta y sesenta, la forma se vuelve grafía insistente. Tramas cerradas, vibraciones ópticas, un desplazamiento hacia lo pop. La pintura pierde peso y se acerca al dibujo expandido, como si buscara desaparecer para volver a empezar.

Una figura moderna que sigue interpelando ⭐

La retrospectiva curada por Federica Baeza recompone un mapa que durante años vimos fragmentado. Derbecq fue artista, crítica, curadora y puente entre París y Buenos Aires. Ocupó espacios que no estaban pensados para ella y los transformó.

Su obra y su trayectoria hablan de una vida que entendió el arte como forma de acción y de pensamiento. Ese es, quizás, su verdadero éxtasis.

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