Buenos Aires suma dos nuevas presencias de gran escala a su paisaje cultural: Aube y Homenaje a Lao Tse, dos esculturas monumentales de Marino di Teana realizadas en Buenos Aires a partir de los planos originales del artista. La inauguración será el 11 de diciembre a las 18 hs en el foyer del Auditorio de la Asociación Amigos del Bellas Artes y las obras permanecerán instaladas hasta mediados de 2026.
Una se ubicará en el acceso a la Asociación Amigos, la otra en la Plaza Rubén Darío, ese cruce entre museo, tránsito, árboles y caminantes que, sin proponérselo, se convierte ahora en el escenario perfecto para la poética espacial de di Teana.
Un deseo modernista que vuelve a abrirse paso 🌐
En los sesenta, Jorge Romero Brest quiso emplazar una obra monumental del artista en los jardines del Bellas Artes, imaginando un museo dialogando con su entorno desde una lógica contemporánea. Ese proyecto nunca se concretó, pero dejó instalada una pregunta. Hoy, con la llegada de estas dos piezas, la conversación vuelve a activarse en una Buenos Aires que alterna nostalgia y modernización, y que pocas veces incorpora la abstracción monumental a su vida cotidiana.
Di Teana, formado en Buenos Aires, consagrado en Europa
Francesco Marino, nacido en Italia, llegó a Buenos Aires a los dieciséis años y se formó en la Cárcova, donde obtuvo altos méritos. Trabajó en el taller mural de Antonio Berni para las pinturas de Galerías Pacífico, ganó premios nacionales, participó de salones decisivos y absorbió el clima de abstracción y espíritu experimental que atravesaba la escena local.
Luego desarrolló su carrera en Francia, donde instaló más de cuarenta y cinco esculturas en espacios públicos y se convirtió en referente de la escultura arquitectónica, una línea que entiende al vacío como fuerza, no como hueco. El acero Corten, para él, no era solo material, era organismo. Cambiaba con la luz, la lluvia, el tiempo. El espacio no acompañaba la escultura, era parte estructural de ella.
Aube: un amanecer que reencuadra la ciudad 🌅
Instalada en Plaza Rubén Darío, Aube es casi un gesto coreográfico en acero. Sus planos se abren, tensan y liberan el aire, como si la obra propusiera una nueva manera de recorrer el entorno. No representa el amanecer, lo construye. Crea líneas de fuga, sombras móviles y una vibración formal que reorganiza la mirada de quienes pasan. Es una pieza que no pide atención, la captura.
Homenaje a Lao Tse: equilibrio en movimiento 🧘♂️
En la entrada de la Asociación Amigos, Homenaje a Lao Tse opera desde otro registro. Más condensada, más meditativa, la pieza se sostiene en la relación entre lleno y vacío, entre masa y respiración. No cita literalmente al pensamiento taoísta: lo traduce en estructura.
Su ubicación la convierte casi en un umbral conceptual, un pequeño cambio de ritmo entre la calle y el interior. Una pausa necesaria en una ciudad que avanza rápido.
Qué significan estas obras para Buenos Aires ⭐
La presencia simultánea de Aube y Homenaje a Lao Tse reabre la conversación sobre el arte público en la ciudad. No desde lo figurativo o lo monumental tradicional, sino desde la abstracción que invita a moverse alrededor, mirar de nuevo, detenerse, reinterpretar.
En un paisaje habituado a bustos, placas y estatuas conmemorativas, estas dos piezas introducen una temporalidad distinta. El acero que muta, la luz que cambia, el vacío que se vuelve protagonista. Una modernidad que no mira al pasado con nostalgia, sino que vuelve a ocupar su lugar en la vereda.

